Las cántigas del diablo
"En este libro la pasión, la magia y la energía, quieren cantar. Es como si después de un largo viaje deseáramos mayores retos, mayores peligros, y, sobre todo, una nueva forma de sentir la realidad. A cada instante quiere aullar el poema, pero sólo el canto hace que se vuelva profecía. Igual que la voluntad lo convierte en camino sobre el mar invisible. Camino real sobre la página en blanco del aire”

Óscar Martín Centeno
Génesis

Yo tenía ocho años.
Y un día hablé con Dios y le pedí
una mente distinta; dije: Dios,
no puedo soportar mis pensamientos,
ni las noches de oscuro endecasílabo
que azotan sus metáforas a través de mis párpados.
Señor buen Dios, le dije,
tenemos que hacer algo,
negociar una tregua,
un armisticio,
ya no aguanto este insomnio.
Concédeme, buen Dios, una mente distinta,
una luz donde bailen las neuronas
agitando sus tibias cabelleras,
con lujuriosa magia.
Concédeme
una voz grave
y mil canciones tristes.

Y Dios, cansado y deprimido
de tanto soportar la misma historia,
apartó la mirada,
supongo que pensando
en el libre albedrío -y sus complicaciones-.

Y así fue que empecé a dirigirme al diablo.



Cuando enciendas los párpados

Nos quitamos el cobre y las hermosas armas
que ni Homero describe con justicia,
y observamos el mundo recién amanecido.
Las viejas carreteras brillaban inasibles;
lo que antes fue un sendero que parecía ahogarnos
ahora era la pista de despegue
donde soñaba el aire.
Ni los más optimistas de nosotros
imaginaron esto. Lo nuestro era alcanzar
una bella derrota, el premio leve
de una simple sonrisa por haberlo intentado.
Y sin embargo hoy estamos juntos,
brindando enloquecidos. A lo lejos
alguien grita mi nombre, y yo conjuro
la vida que he llevado,
los sufrimientos y alegrías,
el dolor y la angustia; y
con la mano en las brasas, te aseguro
que mereció la pena.

Cierra los ojos. Deja que corra el llanto.
Sonríe hasta que sientas que te aúlla la cara.
Y deja que desciendan por tu cuerpo
los mil besos del mar. Cuando enciendas los párpados
el universo entero será un baile de espumas.



Hagamos libaciones

Y nosotros, venidos de tan lejos,
aullaremos dejando que las lágrimas
extiendan sus raíces
por toda nuestra piel,
celebrando en su luz
el sangrante latir de la victoria.
Dejaremos que el viento
bendiga nuestras caras con su sabor marino, y que las olas
laven la sangre de nuestra memoria. Quise darte
un corazón ardiendo, y esta noche
incendié el mundo entero. Nuestras llamas
prenden el entusiasmo donde ponen sus labios,
los hombres se despiertan renacidos
y observan en silencio cómo ha quedado el mundo, desde lejos
se ven los estandartes incendiarios
del edificio Sears. Desde cerca,
risas frente a esculturas espontáneas
de teléfonos móviles. Ya está hecho,
ven y sonríe desde donde te encuentres.
Hace años soñamos esta magia
desempolvando a Chesterton, y hoy
la rebelión escribe su caricia de versos
por todas las ciudades.
La vieja edad de oro que anunciaba Novalis
y que Schiller aullaba en la cabeza
del viejísimo Ludwig,
acaba de cumplirse. Ven aquí.
Hagamos libaciones. E inventemos borrachos a los dioses.
Como hicieron antaño los mejores poetas.




Ayuntamiento de Piedrabuena, Ciudad Real.
Premio nacional Nicolás del Hierro.